Dolores en la cabeza del inventor

El famoso inventor del teléfono no tuvo una vida sencilla. Numerosos viajes, el sueño cambiado, comidas desordenadas. La vida atareada de Alexander Graham Bell agravó la migraña que sufría. Así lo dejó patente el inventor del teléfono en su correspondencia. Las migrañas aparecieron en 1867, cuando tenía 20 años.

“La única idea que tengo de la semana pasada es un intenso dolor de cabeza”, comenta acerca de aquella primera jaqueca en una carta dirigida a su padre. Las cefaleas se prolongaran durante toda su vida, como revelan las numerosas cartas que enviaba. Por otro lado Bell, que hacía muchos viajes para promocionar su teléfono, no podía utilizar su invento más famoso para comunicarse con su mujer, esto no fue debido a su cefalea sino que ella era sorda.
Algunos médicos han evaluado su historia y su correspondencia, concluyendo que padeció de “una migraña sin aura”, comentó un neurólogo, de la Universidad de Washington. “Describe fotofobia, náuseas y una duración que va de horas a días". Las cefaleas se desarrollaban tras la actividad física y su dolor era grave y en ocasiones incapacitante”, concluyó este especialista en un artículo que publicó el año pasado en una revista médica.

La "mala" vida del interior

“Como un hombre científicamente curioso, Bell dedica algo de especulación a las causas de sus dolores de cabeza”. Así, fue identificando desencadenantes de sus ataques de migraña, como la actividad física, el clima y la luz (especialmente, cuando se despertaba en una habitación muy iluminada y cuando viajaba); las comidas y los cambios en su sueño; todos ellos conocidos en la actualidad como desencadenantes de las crisis de migraña.

Sus dolores no respondían ni siquiera a la morfina, pero esto no ha generado un impacto en su carrera de inventor, siendo fructífera y variada.